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España se encuentra actualmente en una encrucijada en la que debe decidir si su futuro se construirá sobre una economía basada en el conocimiento, siguiendo los acuerdos de la cumbre europea de Lisboa de 2000 o, por el contrario, si renuncia a ese camino y, con él, a ejercer un papel de liderazgo en Europa y en el mundo de las próximas décadas.

La comunidad científica española, consciente de la necesidad de mejorar el sistema español de ciencia y tecnología, determinó integrar sus sociedades científicas más representativas en una entidad superior: la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE). La Confederación inició formalmente su camino a mediados de 2004 con los objetivos de contribuir al desarrollo científico y tecnológico de nuestro país, actuar como interlocutor cualificado y unificado de los científicos ante la sociedad civil y ante sus poderes públicos representativos, promover el papel de la ciencia y contribuir a su difusión como ingrediente necesario de la cultura. En la actualidad, agrupa a medio centenar de sociedades científicas que representan a más de 30 000 científicos españoles.

A su capacidad de interlocución, fundamentada en su representatividad, la COSCE añade su voluntad de aportar conocimiento que pueda ser útil a los distintos agentes económicos, sociales y políticos. Los objetivos que la COSCE se ha impuesto no contemplan la ciencia desde una perspectiva meramente académica o especulativa, sino global, capaz de generar conocimiento útil para promover, colaborar y apoyar de forma activa las iniciativas que, tanto desde el sector público como desde el privado, procuren el fortalecimiento de la ciencia en España como factor de progreso económico y social. Ante lo cual, la COSCE se constituye en un instrumento corporativo capaz de fomentar la investigación, mejorar la enseñanza de la ciencia, difundir el espíritu científico y promover la apreciación social por los valores de la ciencia. Estamos convencidos que los líderes europeos estaban en lo cierto cuando afirmaron en Lisboa que Europa debe convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva del planeta si no quiere perder su posición de privilegio. Para que esto ocurra, la sociedad en su conjunto debe ser consciente del valor de la educación y de la ciencia como factores impulsores del crecimiento económico.

La ciencia en España ha progresado de forma muy significativa en los últimos 20 años. Sin embargo, un análisis somero de la situación actual sugiere que esa evolución tan positiva ha encontrado techos que aconsejan una reconsideración profunda del propio sistema y un análisis cuidadoso de las nuevas circunstancias en que debe aplicarse cualquier reforma del mismo. Esta afirmación puede apoyarse fácilmente con datos cuantitativos, disponibles entre la gran cantidad de información elaborada por los ministerios implicados y por las distintas entidades dedicadas a la evaluación y al seguimiento de la investigación. Sin embargo, faltan las propuestas de acción que deberían ser la consecuencia de esos estudios. Por ello, la COSCE puso en marcha la primera de sus grandes líneas de acción, auspiciando la creación de cinco grandes ponencias de expertos para llevar a cabo la Acción CRECE (Comisiones de Reflexión y Estudio de la Ciencia en España).

Estas comisiones se han encargado de evaluar la situación de la ciencia en nuestro país desde una posición totalmente independiente. A partir de su reflexión sobre la documentación existente y el significado de los parámetros observables proponen actuaciones que deben contribuir a fortalecer el sistema científico-técnico español y sus vínculos con todos los agentes sociales. La Acción CRECE ha dado lugar a unas conclusiones que se concretan en propuestas de actuación claras y practicables para revitalizar, reformar y, en su caso, introducir cambios estructurales en nuestro sistema científico, tanto en sus aspectos fundamentales como en los relativos a su repercusión económica y social. Obviamente, los destinatarios de las conclusiones y propuestas de CRECE son los ministerios implicados en el sistema español de I+D, como organismos responsables de seleccionar las prioridades de actuación y de diseñar instrumentos de financiación y métodos de evaluación que aseguren una correcta asignación de los recursos, y también los propios científicos, como creadores y ejecutores de la investigación científica y gestores directos de las inversiones realizadas. Asimismo, se pretende hacer llegar un mensaje nítido a los restantes agentes implicados en el sistema, en particular a los empresarios, educadores, y a la sociedad en general, para que el progreso científico y la innovación tecnológica tengan una presencia mayor en todos los ámbitos.

En el proyecto CRECE participan científicos, profesionales y expertos que, por sus conocimientos, experiencia y prestigio en distintos ámbitos profesionales relacionados con la ciencia, han enriquecido sus contenidos y proporcionado la solidez y amplitud que los objetivos requerían para asegurar el apoyo y la colaboración de los sectores público y privado. Por su capacidad de acción y liderazgo representan el más formidable equipo de trabajo que se haya constituido desde la comunidad científica.

El primer éxito de semejante empresa lo constituye el haber conseguido que el conjunto de los científicos, en colaboración con la sociedad, se hayan organizado para ofrecer soluciones prácticas al candente problema de la modernización de nuestro sistema de ciencia y tecnología. Sin embargo, la Acción CRECE va más allá: aborda una tarea ambiciosa y atrevida, de gran importancia estratégica para el desarrollo sostenido de nuestro país en un contexto de gran competencia internacional: el fortalecimiento de la ciencia como factor cultural y motor económico de España.

Todos aquellos que nos hemos implicado en este proyecto, y la COSCE en primer lugar, somos conscientes de que plantear y proponer un horizonte de semejante amplitud no está exento de riesgo, no sólo por su alcance y complejidad, sino, también, por su trascendencia. No es, sin embargo, menos cierto que el mayor riesgo sería cerrar los ojos a la necesidad perentoria de este estudio.

JOAN J. GUINOVART
Presidente de la COSCE


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